Gestión de Proyectos de Desarrollo Social

La evaluación de servicios y programas sociales (1)

A pesar de que existe una evaluación progresiva de los servicios sociales, la cultura evaluativa en el campo de los servicios y programas sociales aún está en proceso de implementación. Autores como March (1977), Chambers, Wedel y Rodwell (1992) han escrito sobre esta debilidad en el campo social, constatando las dificultades para implantarla en todos los ámbitos y niveles posibles.

Es posible y conveniente aprovechar los aportes de campos similares, como el de la educación,  que ha influido de una manera directa en el campo social. Sin embargo, es necesario que tales aportes se adapten reflexionando sobre su viabilidad e interés.

Hasta ahora, aunque es posible identificar algunas experiencias interesantes, el proceso de instalación de esta cultura evaluativa en el campo social, ha presentado dos limitaciones: 1ro.- se ha priorizado el carácter económico en el objetivo de evaluación y 2do.- mayoritariamente se ha desarrollado una metodología cuantitativa en la investigación.

Respecto al desarrollo de la evaluación en los servicios y programas sociales, March (1997) distingue dos etapas: 1ra etapa.- dominio del paradigma tecnológico, con el uso de metodologías cuantitativas en procesos de evaluación de carácter macro estructural; y 2da etapa.- ruptura del dominio positivista, con el uso de metodologías cualitativas y mixtas en procesos de evaluación de carácter micro estructural.

Por su parte, Fernández del Valle (1995), quien describe algunas experiencias de evaluación que han tenido lugar en el Estado Español, distingue entre la evaluación de programas de servicios sociales comunitarios y la de programas de servicios sociales especializados. Según Fernández del Valle (1995) estas evaluaciones presentan tres características: 1ro.- la mayoría de los trabajos son simples recopilaciones descriptivas, pocos hacen el intento de evaluar la intervención; 2do.- predomina la evaluación interna; y 3ro.- no existe difusión externa de los diseños evaluativos y de sus resultados.

Aún cuando Fernández del Valle (1995) manifiesta que la evaluación de programas se encuentra en un momento de iniciación, donde existen más propuestas de diseño que ejercicio evaluativo acumulado, sin embargo, una serie de experiencias identificadas hacen posible afirmar que la producción teórica y la aplicación práctica de diseños de evaluación se han incrementado notablemente.

Criterios que deben tomarse en cuenta

Aún cuando no todas las evaluaciones contemplen los mismos criterios, es necesario apuntar aquellos que son considerados asociados a la evaluación de servicios y programas sociales:

Pertinencia.- Un programa es pertinente cuando responde a unas necesidades concretas y bien establecidas.

Suficiencia.- Consiste en establecer si los recursos y los medios disponibles son suficientes.

Progreso.- Consiste en valorar si el programa se desarrolla e implementa de acuerdo a lo programado.

Evaluabilidad.- Consiste en valorar si el programa, su formulación, su diseño e implementación hacen posible que sea evaluado.

Eficacia.- Consiste en evaluar si el programa consigue los objetivos previstos.

Efectividad.- Consiste en evaluar los efectos que el programa ha conseguido, hayan sido previstos o no.

Eficiencia.- Consiste en evaluar la relación entre los medios y los recursos utilizados y los efectos conseguidos.

Resultados e impacto.- Valora los efectos conseguidos en los usuarios o destinatarios (resultados) y los efectos conseguidos en relación con el conjunto de la población (impacto).

Un punto importante en la evaluación de los servicios y programas sociales es el que se refiere a la distinción entre la eficacia, la efectividad y la eficiencia de una acción, de una prestación, de un servicio, etc. En muchos casos, debido a la escasez de recursos, lo que se interesa es incrementar la eficiencia, es decir, reducir recursos y mantener el mismo nivel de eficacia y efectividad o mantener los recursos, pero elevar el nivel de eficacia o efectividad.

Frecuentemente la evaluación de servicios y programas sociales busca valorar la eficiencia en términos de productos intermedios, olvidando que lo que se debe buscar es el bienestar y no el nivel de actividad. De allí que la eficacia y la efectividad de los servicios y programas sociales deberían asociarse siempre al bienestar y mejora de las condiciones de vida de los usuarios.

La Evaluabilidad de los servicios y programas sociales

La Evaluabilidad consiste en valorar si la formulación, el diseño y la implementación del programa hacen posible que éste sea evaluado adecuadamente. Esta posibilidad dependerá en buena parte de la buena planificación y de la existencia o no de barreras que dificulten la evaluación.

Según Fernández –Ballesteros (1995c: 71) la evaluabilidad de los programas presentan cuatro áreas de especial dificultad: a) falta de definición o poca precisión de las necesidades o problemas; b) falta de base teórica; c) falta de claridad en los propósitos de la evaluación; y d) falta de claridad en la determinación de las prioridades de evaluación.

Fernández-Ballesteros y Hernández (1995) hacen referencia al “Listado de Cuestiones Relevantes en Evaluación de Programas” como un instrumento que pretende valorar la evaluabilidad de un determinado programa o servicio. Para esto parte de dos áreas: a) la calidad del proceso de planificación y de implantación del programa; y b) las dificultades que se prevé existirán a lo largo de la evaluación.

El Joint Committee on Standards for Educational Evaluation (1988 – 1994) elabora patrones que constan de un conjunto de normas agrupadas en cuatro áreas: a) utilidad.- la evaluación debe ser útil para las necesidades de sus destinatarios; b) factibilidad.- la evaluación debe ser realista, prudente, diplomática y austera; c) probidad.- la evaluación debe ser realizada legalmente, éticamente y con correcta atención al bienestar y derechos de los implicado; y d) adecuación.- la evaluación debe revelar información técnicamente adecuada con el fin de valorar el nivel de éxito o fracaso del programa evaluado.

Por su parte la Evaluation Research Society (ERS) publicó en 1982 un patrón que consta de cincuenta y cinco reglas agrupadas en torno a cinco aspecto relacionados con las diversas fases del proceso evaluativo: a) formulación de la evaluación; b) estructura y diseño de la evaluación; c) recogida y análisis de los datos; d) comunicación de los resultados y de las conclusiones; y e) utilización de los resultados y conclusiones.

Aún cuando la evaluación es esencial para mejorar la gestión de los programas sociales, podemos encontrar diversos obstáculos como: a) la resistencia de las partes implicadas; b) el coste económico; y c) la no inclusión de los diseños evaluativos en la planificación inicial.

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(1) Extracto de GOMEZ SERRA, M. (2004) “La evaluación de los servicios y programas sociales: una cuestión urgente”, en Evaluación de los servicios sociales, Barcelona, Gedisa, pp.133-155.

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